Durante una exposición rural
en Trenque Lauquen sentado en la tribuna entre la muchedumbre
de gauchos, los cuales estaban entre dubitativos y burlones, Cédric
Ganné pudo asistir a una demostración de Martín Hardoy.
Explica
: "Los gauchos piensan que la doma racional es demasiado larga
para domar un potro (Martín Hardoy piensa que 70 días son necesarios
para domar un caballo a los cuales se añade el tiempo del perfeccionamiento).
Es una cuestión de tradición y también del valor masculino. Históricamente
y tradicionalmente, los gauchos, a menudo fuera de la ley y en
rebelión contra cualquier forma de sociedad, debían valerse de
un caballo en un tiempo limitado. A menudo perseguidos por la
policía, tenían que agarrar el caballo y huir dentro de menos
de media hora. Bien se imagina que en el medio de la pampa las
soluciones eran limitadas. El genio y la capacidad de los gauchos
para quedar en cualquier caballo salvaje les salvaba la vida.
Su cultura se ha desarrollado de esta manera, en contacto con
los caballos más difíciles. Han sabido desarrollar una destreza
y una capacidad ecuestre que se pueden calificar de fenomenales."
Martín
Hardoy precisa: Los golpes de rebenque vuelven el potro asustadizo
mientras que las caricias permiten convencerle por el cariño.
Sin embargo, si la manera fuerte se explica históricamente, hoy,
es una cuestión de machismo. La doma tradicional consiste en atar
el potro a un palenque y en pegarle. Asustado, se golpea la cabeza
antes de ceder. Luego, se le tapan los ojos, se le ensilla y se
le monta. Los que tenían maneras más cariñosas eran considerados
como afeminados y no intervenían nunca en público. Yo considero
al caballo como un amigo y le convenzo que me ayude.
Nunca criticaré lo que hacen
los demás ni tampoco todo lo que ha sido hecho hasta ahora, ya
que yo también aprendí así y creí, durante mucho tiempo, que sabía
la verdad, hasta que me demostrasen lo contrario.
La doma supone el justo equilibrio
entre el cariño y el rigor. El exceso de cariño hace un mal-criado
y el exceso de rigor un caballo rebelde.
Es de notar, por fin, que
Martín Hardoy todavía usa la manera fuerte comparadamente con
lo que hacen Pat Parelli o Monty Roberts. De hecho, el murmurador
argentino vale para los gauchos lo que los americanos son para
los cow-boys modernos.