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Ediciones
disponibles
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En inglés
The
Long Riders'Guild Press está especializada en la edición en
las obras literarias de los grandes exploradores ecuestres
del mundo entero. Fin del año 2001, The courage to ride, version
en ingles de La amazona de las Américas fue reeditada.
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el libro
En francés
En
francés, el libro, La amazona de las Américas hubiera
sido una obra mística si, de viajero a viajero, una copia
no hubiera terminado en la oficina de Ediciones Belin, que
hoy en día reeditan y resucitan un texto demasiado sorprendente
como para perder su magia.
La amazona de las Américas, Ana Beker.
Ediciones Belin, colección Los jinetes de la aventura. Prólogo
de Jean-Louis Gouraud, prefacio y traducción de Guy Georgy.
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el libro
Ediciones agotadas
La edición original en español fue publicada
en Buenos Aires en 1957 con 2957 ejemplares, como lo indica
el depósito legal (Edición La Isla, Buenos Aires).
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Búsqueda
de información
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| A lo largo de su viaje, Ana
Beker se encontró con muchas personas, periodistas, políticos
que supieron recibirla y ayudarla. A pesar de esto, los testimonios
y las notas de prensa son muy pocos. Si usted o alguien cercano
conoció a Ana Beker, le agradeceríamos tomara contacto con nosotros.
contact
e-mail
Junto a Jean-Louis Gouraud y Cuchullaine
O'Reilly, estamos muy interesados en toda la información que
nos permita continuar y enriquecer nuestra búsqueda de información
de Ana Beker y de su viaje.
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Ana Beker, amazona de las Américas
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En una mañana espléndida, plena de vivacidad,
encontré que mis caballos comenzaban a relinchar triunfalmente
al verme, y internándome en el país, rumbo al norte, partí
hacia el descubrimiento de una América desconocida, de un
continente mágico, y de las sorpresas que el destino quisiera
ofrecerle a una joven del campo, decidida a todo menos a echarse
atrás.
Ana Beker era argentina, sus padres eran
letones. El 1 de octubre de 1950, partió de Buenos Aires (Argentina),
llegando el 6 de julio de 1954 a Ottawa (Canadá). Esta hija
de agricultores había consagrado cuatro años de su vida a
unir a caballo las capitales mas distantes de las dos Américas,
y sobre todo a realizar su sueño. Parte de la pampa con dos
caballos Criollos, Príncipe y Churrito, y llega a los rascacielos
con Furia y Chiquito Luchador. La "gaucha rubia", que hablaba
fuerte y que tenía un revolver calibre 38 en la cintura, atravesó
Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa
Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala, México y de Texas volvió
a partir rumbo a Nueva Orleáns, Washington, Nueva York y Montreal
antes de llegar a su destino. Alentando a sus caballos con
besos y golpecitos de fusta, la "Amazona de las Américas"
tuvo que protegerlos de las mordeduras de los murciélagos,
nutrirlos tanto con arroz como con carozos de maíz, salvarlos
de los ataques de los cóndores en los Andes y de los de jaguares
en la jungla, y si les frotaba con ajo sus cuartillas, no
era para alejarles los vampiros, sino para impedir que se
acercaran las serpientes venenosas.
Casi al pasar, ella cuenta cómo elude el
pedido de matrimonio de un cacique, atraviesa sin dificultad
la guerra civil en Colombia, comparte el sueño de un buscador
de tesoros en el lago Titicaca y escapa de los cazadores de
vicuñas, sin murmurar cuando uno de sus caballos le da una
patada. Ana Beker escribe de manera sencilla, no rebuscada,
sin drama, y es así como se puede percibir mejor su talento,
que se notará durante su viaje.
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| La leyendada de la cabalgata |
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Atacados por los Cóndores
De forma trágica, y con algunos
días de diferencia, Príncipe y Churrito, los dos caballos Criollos
de Ana Beker murieron en los alrededores de La Paz, Bolivia. La
sorprendente anécdota que reproducimos aquí se desarrolla en Perú.
Luchador, un caballo gris de doce o trece años, de buena apariencia
y una yegua zaina de catorce años son los nuevos compañeros para
continuar el viaje.
"Sucedió durante una de
mis solitarias paradas, cuando contemplaba emocionada el grandioso
espectáculo que me brindaban las cumbres y los precipicios de la
Cordillera. Los cóndores sobrevolaban mi cabeza, con una majestuosidad
que parecían los reyes de los Andes.
Estaba sentada con los pies
al borde de un camino muy angosto, en forma de caracol, y los caballos
estaban parados unos metros mas lejos, muy atentos. En semejante
terreno, es difícil olvidarse el peligro de caer en el precipicio.
Luchador se encontraba un poco mas alejado, buscando hierba entre
las piedras. De pronto, vi un gran cóndor volar en picada hasta
mi caballo. Luego, otro, y luego tres, cuatro cóndores describían
en el aire círculos majestuosos alrededor de Luchador, quien se
inquietó cuando el ave le dio un terrible golpe con su ala; después
lo ataca otro, lo cual me espantó tanto como a mi caballo. Entonces,
los cóndores comenzaron a golpear a diestra y siniestra con sus
enormes alas a mi pobre montura. Comprendí inmediatamente su intención:
trataban de desequilibrar a Luchador para que perdiera pie y se
desbarrancara.
Me abalancé sobre Luchador en
el momento apropiado para ajustar su protector de cabeza e impedir
que cayera al precipicio. Los cóndores retomaron altura, luego,
sin preocuparse por mi presencia, volvieron a la carga. Se les veía
furiosos por no poder cumplir con su objetivo. Aquello fue un verdadero
combate; el caballo estaba aterrorizado y yo gritaba girando los
brazos para espantarlos. Se alejaron un poco y entonces aproveché
para atar el cabestro a una piedra grande. Volví cerca de mi equipaje,
y con mi revólver disparé tres o cuatro tiros. Las detonaciones
mantuvieron a las aves de rapiña a una buena distancia, lo cual
me permitió llevar a los caballos hasta un lugar más espacioso y
mas seguro. Este suceso fue el que mas me asustó durante mi viaje.
Las aves tardaron bastante en desaparecer, lo hicieron cuando se
convencieron de haber perdido su presa.
Yo desconocía esta actitud de
los cóndores, pero luego supe que procedían de esa manera con los
burros, las mulas o los caballos abandonados a causa su edad por
los Indios. Si los encontraban en esos parajes escarpados y abruptos,
los hacían caer como ya les he explicado. Una vez caídos y muertos,
se precipitaban todos para atracarse con sus despojos hasta no dejar
mas que los huesos. Yo misma vi cómo , cerca de Abancay, un mula
vieja y desgarbada que probablemente se habría alejado de la manada
era atacada por los cóndores. La golpeaban con sus alas hasta hacerla
caer al suelo. Me asomé por la falla en la que había caído y vi
a los cóndores desmembrarla y destrozarla con furia a picotazos.
Sin saber de dónde venían, aparecieron de pronto decenas de aves
de rapiña que sobrevolaban el lugar de la encarna. Cuando los cóndores
se alejaron, se acercaron los buitres..."
La amazona de las Américas, un libro
culto
La Amazona de las Américas inspiró
a toda una generación de expedicionarios a caballo. Cuando se sabe
que se trata del periplo de una mujer que, en 1950 montó un caballo
en Buenos Aires y llegó cuatro años mas tarde a Ottawa, se dice
que no hay nada sorprendente en ello. Nada, no, salvo el hecho que
nadie entre ellos nunca lo había leído, por una buena razón: fue
editado en Argentina en el año 1957 con menos de 3000 ejemplares,
nunca traducido, irremediablemente agotado, este libro no dejó de
existir.
Página concebida y reeditada
a partir del artículo de prensa de las ediciones Belin
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